Dirección: Colombia
Horario de atención:
Lunes a viernes
9:00 AM a 5:00 PM
“Nadie nos dijo que esto iba a pasar…” — Los Prisioneros
Desde que se conoció la decisión judicial que anuló la elección del Gobernador Nicolás Gallardo, en San Andrés Isla se siente una mezcla densa de incertidumbre, desconfianza y abandono. La ciudadanía ha sido testigo silencioso de una coreografía política que se reactiva con entusiasmo entre partidos, movimientos y líderes locales. Pero en esa danza, los isleños comunes no fueron invitados: asistimos al baile, pero como los que sobran.
Durante los años de gobierno de Gallardo, muchas personas sintieron que sus voces no fueron escuchadas, que las promesas de transformación se quedaron en discursos, y que sus necesidades reales —empleo, salud, educación, vivienda— continuaron sin respuestas. Ahora, con la salida del Gobernador, no llega la esperanza de un cambio, sino la sospecha de que todo es una disputa de poder sin propósito colectivo.
Basta con caminar por los barrios o escuchar las conversaciones en las playas para darse cuenta de que la “campaña” ya empezó, aunque nadie lo diga oficialmente. Viejos conocidos reaparecen, otros se distancian discretamente del gobierno saliente, y unos cuantos ya prometen una isla distinta. Pero ¿dónde estaban todos ellos cuando más se necesitaba su liderazgo ético y su voz firme?
La sensación de la gente es clara: se sienten usados, silenciados, manipulados. Se sienten como los jóvenes de la canción de Los Prisioneros, que cumplieron las reglas, confiaron en el sistema, y al final fueron expulsados del baile sin explicación.
Pero no todo está perdido. Este momento puede ser también el punto de partida de algo distinto: una ciudadanía más activa, más crítica, más informada. Una ciudadanía que no acepte ser el relleno de la fiesta política, sino que exija ser parte real de las decisiones, de las reformas, de los proyectos de isla.
El desafío que enfrentamos no es solo jurídico o político: es moral, ético, comunitario. La justicia puede anular elecciones, pero solo el pueblo puede reclamar su dignidad colectiva.
Mientras los líderes se acomodan y los nuevos candidatos ensayan su discurso, en las calles de San Andrés hay una pregunta que flota: ¿y, con quién bailaremos esta vez?

